En Rumanía se hacen seis películas al año. Por eso "4 meses, 3 semanas y 2 días" es un milagro.
Es tan buena que asusta. Es la segunda película de Mungiu, pero parece la décimoséptima.
Destacaría, a bote pronto, tres cosas:
- La dirección: es como un personaje más. Está muy presente, es acción, participa, se huele el aliento de Mungiu. La cámara corre, tropieza, filma la noche, cuadricula la realidad, se pega a los personajes, vibra, llora... Captura magistralmente la atmósfera de opresión en la que viven los personajes. La escena de de la cena familiar, la habitación de hotel, los paseos nocturnos, el barro de la calle... La sensación de incomodidad, de desasosiego, no da tregua.
- El guión: impecable. La realidad, plasmada. No hay ni un solo recurso. No hay giros sorprendentes. Sólo hechos y consecuencias. La vida.
- La actriz: la actuación de Anamaria Marinca es brutal, sobre todo por lo bien insertada que en la película. No hay dramatismo alguno. Ocurre algo parecido con lo que pasa en el guión: recibe los hechos y sufre las consecuencias. Como un saco de boxeo, que no se mueve de su sitio por mucho que le golpeen.
Luego, además, la película trae mucho. Funciona como crítica a un sistema comunista capaz de sacar lo peor de la gente: transmite la opresión social a través de la pantalla, y te hace sentirla (risa da Goodbye Lenin).
Pero más allá de eso está el profundo contenido humano de la película. Principalmente, centrado en la protagonista. La soledad y el sufrimiento de una libertad responsable. Esto no es un juego de niños. Es una bomba.
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miércoles, 30 de enero de 2008
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